Ahora me esfuerzo pero ya no lucho

serenidad

Porque nunca creí en las casualidades si no en las causalidades de lo bueno y de lo malo. Sin etiquetar si quiera lo que estuvo bien y lo que estuvo mal. Usando el filtro de las emociones que causó un hecho concreto, una vivencia, un triunfo e incluso la derrota.

Uno se da cuenta del camino recorrido, de tantas y tantas veces que se obcecó en que algo sucediera, en que  fuese un éxito o simplemente en que se mantuviera en el tiempo. Porque hay cosas en esta vida que requieren de tiempo y esfuerzo pero no de lucha.

Recuerdo cuando una amiga me dijo: “Las cosas que tienen que ser, se dan, son sencillas; no dan cabida a la lucha ni al sufrimiento. Y si esto sucede en el comienzo, es porque entonces no deben de ser”

La complejidad y tozudez del ser humano es infinita; y si además va cargada por una dosis de miedo o una ola de perseverancia caprichosa uno es capaz de remover cielo y tierra para tratar de conseguir lo que se propuso. Tanto es así que a veces perdemos el norte y lo que una vez tuvo sentido deja de tenerlo.

Cuando permites que las cosas sucedan, y pones intención en ellas sin encerrarte en tu esquema mental, entonces suceden en el momento justo y con la compañía adecuada.  Recapacitas y actúas sin apego, sabiendo que tu felicidad no depende de ello, ni se te va la vida en conseguirlo. Entonces el viaje es feliz y placentero puesto que ya no importa cuál sea el destino.

Estas palabras resultan fáciles de leer pero a veces son más difíciles de experimentar. ¿Has estado encerrado en una idea  que te frustraba? ¿Te has sentido atrapado en una situación en la que no veías el camino de salida? Seguro que sí, que tú también has sido alguna vez el producto de una obsesión…

“Nunca desistas de tus sueños, sigue las señales” decía en una frase Paulo Cohelo. Y es que para seguir las señales hay que estar abierto a la vida y escucharla mientras te habla, además de estar conectado a la intuición que todos poseemos. Ella no falla, ella sabe cuando algo está hecho para ti, te hace sentir de un modo especial y  te guía en el camino.

Las metas que queremos alcanzar, la idea que creamos en nuestra mente y deseamos que se haga realidad, puede convertirse en una experiencia placentera si el recorrido para llegar a ello nos hace sentir bien. Se trata de dedicar tiempo, tener paciencia y cultivar cada relación y cada proyecto, pero para saber que ese sueño está cerca de convertirse en realidad, antes escúchate. Te propongo que te des cuenta de cada objetivo o ilusión soñada, algo que te queda por alcanzar, esa asignatura pendiente que todos tenemos. Una vez pensado, focalízate en ello y vívelo, pero con ilusión y sabiendo que a cada paso tu intuición te dice sí. No importa si lo logras o no, porque al echar la vista atrás habrá merecido la pena, ya que  fuiste feliz y te llenó de satisfacción tratar de construirlo.

Existe un concepto erróneo entre esfuerzo y lucha, y es en esa sutil diferencia entre uno y otro donde se esconde la clave.

Esfuérzate cada día por ser mejor persona y por lograr tu sueño, pero no dejes que todo ello se transforme en una lucha constante. Porque si para alcanzar tu sueño has de luchar contra ti mismo y contra todo, perderá el sentido por el que fue creado.

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