Change: generación del despertar

 

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Es una época de cambios y no es porque lo digan los líderes sociales, sino porque en estos días somos muchos los que vivimos en un obligado día a día, sin necesidad de expectativas, en un torbellino de hoy estoy aquí y mañana no lo sé. Y es por esto que estar preparado para aceptar la situación y elegir una manera optimista y de confianza interior, resulta no necesario sino más bien imprescindible para vivir y sobrevivir con cierta tranquilidad y paz interior.

Si lo miramos desde el punto de vista de otras generaciones, esto puede suponer un estrés, una época difícil, dirían muchos. Pero, pienso yo:

¿ y lo emocionante que es no tener un esquema fijo?, no empezar a pensar en el plan de pensiones desde joven, el saber que ahora más que nunca la vida es una auténtica aventura. En la que se crece emocional y racionalmente de una manera vertiginosa. Y sí, en vez de crisis o hecatombe colectiva yo apuesto por el conocido término, de la generación del despertar.

De espabilar porque no te queda otra, en la que los individuos de una manera colectiva decidimos comernos el mundo en vez de dejar que nos coma la oleada de cambios. Una generación en la que las personas deciden unirse en vez de escoger el sálvese quien pueda. Una etapa en la que la gente entiende más de empatía, de emociones, de generosidad. En la que las personas despiertan de ese aturdimiento de la rutina, el contrato, la seguridad, la estabilidad, la ambición consumista, y deciden ir hacia dentro, conocerse, desarrollar todas las herramientas posibles para emplearlas y estar serenos, felices, y con la ventaja de saber quiénes somos.

Porque se ha multiplicado la generación de mochila y camino, de Sudamérica, India, Tibet, Camerún, la generación que entiende que hay mucho más mundo que el que vemos y tocamos, que todos somos uno, un único universo.

Ellas llegan y nosotros nos adentramos en ellas, las sorpresas, las situaciones límite, esas que hacen sacar la parte más salvaje, el extraordinario coraje que sacamos de lo ordinario. Y me atrevo a decir que sabéis bien de lo que hablo…

Puedes resistirte, apegarte al pasado, soñar siempre con un futuro, cerrar los ojos para no ver lo que sucede, aferrarte antiguos patrones por miedo al cambio; pero tarde o temprano entenderás que los cambios son inevitables, que traen enseñanzas si estás abierto a aprender.

 “En tiempos de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras que aquellos que creen saberlo todo estarán bien equipados para un mundo que ya no existe”

Heric Hoffer (escritor y filósofo estadounidense, obtuvo la Medalla Presidencia de la Libertad en febrero de 1983 de Ronald Reagan)

 

 

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¿Simpático o empático?

En un mundo rodeado de simpáticos en ocasiones falta la empatía que convierte a las personas  en miembros de un mismo universo, a los conocidos les transforma en amigos y a los que no se mojan en las situaciones les hace seres más comprometidos.

Porque lo sencillo es preguntar y sonreír, e incluso aquellos atrevidos se lanzan a animar y aconsejar, cuando lo único que hace falta es estar. Tener la capacidad de escuchar, a fin de cuentas acompañar. Porque no es necesario nada más, sin exigencias ni expectativas… el que cuenta sólo busca un oído afinado que sepa prestar atención, una mano que coja a otra, para que la compañía haga más ligera la carga y afloje el camino por recorrer.

¿Conoces el abismo que existe entre simpatía y empatía? Pues bien, la simpatía se derrocha, surge sola, sin esfuerzo. Y la empatía se lleva dentro o se carece de ella. Digamos que es esa capacidad de comprensión que no pretende ser terapéutica y que sin embargo lo es.

Cuántas veces tratamos de expresar una opinión, una emoción, contando nuestra historia y nos encontramos con palabras de ánimo, o frases esquivas que lejos de subirnos arriba nos mantienen bien adentro. Por alguna extraña razón nuestro ego nos conduce a querer ser el consejero perfecto o el alma de la fiesta, pero en realidad esa careta no es necesaria para el resto ni para nosotros mismos.

La próxima vez que alguien cercano o lejano se abra a contarte su situación, prueba con un simple: no sé qué decir pero gracias por contármelo. No hace falta que mejores la situación del otro, porque ni siquiera te lo está pidiendo, por ello no te esfuerces en una respuesta, simplemente muéstrate presente, porque no hay nada más reconfortante que sentirse escuchado y en cierto modo comprendido.

 

Si nos pusiéramos más a menudo en la piel de la otra persona, no nos heriríamos tanto y no existiría el mal común del egoísmo o la individualidad. Piensa en global y actúa de manera local. Párate a pensar  también en el resto y actúa en consecuencia con tu entorno más cercano.

Con la empatía se alimenta la conexión entre personas que de manera voluntaria o no, convivimos en un mismo mundo. La simpatía, por su parte ameniza el transcurso diario. Necesarias ambas, de esto no cabe duda, pero una de ellas requiere de sensibilidad, prescinde del juicio, exige la conexión con uno mismo para poder conectar con el otro, y esto aunque resulte increíble; a muchos les asusta. Les hace sentir atados y comprometidos con el otro, y por ello deciden seguir la línea fácil de la simpatía, que a fin de cuentas está muy bien vista.

Si eres valiente y decides apostar por ti y por aquellos que te rodean deja que aflore toda la sensibilidad que llevas dentro, porque las personas que nos encontramos en el camino no son más que un vivo reflejo de nosotros mismos.

“La empatía es la capacidad de pensar y sentir la vida interior de otra persona como si fuera la propia”.
—Heinz Kohut

 

El capitán de mi destino

  El poder de decisión y de tomar las riendas de la vida de uno mismo, es algo más costoso de lo que parece. En infinitas ocasiones  nos vemos envueltos en situaciones que no sabemos cómo gestionar y por no fluir contra corriente, al final vamos en contra de nuestra propia corriente.

La capacidad de decisión, de sentir qué es lo que queremos y como consecuencia saber decir sí o no, es todo un trabajo personal para muchos, donde  voluntad y miedos se ven enfrentados constantemente.

Son el ruido exterior, las  opiniones y presiones que en la mayoría de los casos son imaginarias, las que crean un mar de confusión que nos impide tomar unos segundos para respirar y sentir qué es lo que queremos, lo que nos dicta el corazón. De ahí la importancia de tener siempre presente que somos los dueños de nuestra propia vida, y qué satisfacción más inmensa nos invade cuando logramos dirigir nuestro propio barco.

¿Verdad que todo resultaba más fácil cuando éramos pequeños y se nos escurría siempre esa frase de: porque me da la gana. Y es que esa rebelde y revoltosa respuesta de “porque me da la gana” debería de ser un lema para todos incluso habiendo superado esa etapa de infantil. Dejaremos atrás la pataleta que a corta edad nos invadía tan a menudo, y lo sustituiremos  por la voluntad madura e independiente de buscar nuestro camino y felicidad.

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Me cambio de ciudad porque me da la gana, no acepto una situación que me hace daño porque me da la gana,  me baño desnudo en el mar porque me da la gana, saco la emoción gritando por la ventana porque me da la gana. Y es que tenemos que vivir como nos dé la gana, porque ese es el camino de no generar rabia, de no tratar de complacer constantemente, de crearnos una historia que nos pertenezca.

 

Fiel partidaria de que en esta vida no hay errores cometidos sino diferentes formas de aprendizaje, haz que todas esas lecciones las hayas aprendido por decisión propia. Haz que salgan de lo más profundo de tu alma, por impulso o deliberadamente, pero no cortes tus alas por el qué dirán, por los cánones estipulados, no impidas que tus ganas y tu libertad  salgan al exterior por miedo a lo externo.

Porque como dijo en más de una ocasión el gran Nelson Mandela: “Soy el dueño de mi vida y el capitán de mi destino”

Deja que la vida te sorprenda

Mejor que sea con una bonita noticia: el nacimiento de un nuevo miembro para la familia, un viaje para recorrer el mundo, un ascenso, el amor de tu vida, un regalo soñado… Pero incluso aunque se trate de una non grata noticia: un despido, una pérdida, un cambio no previsto, un no de quien esperabas un sí, puertas que se cierran e incluso la enfermedad, repito: Deja que la vida te sorprenda.

Porque son esas sorpresas las que te mantienen vivo, las que te hacen más sabio, más auténtico, las que te enfrentan a tu verdadera esencia, las que te hacen reír, llorar, crecer  y por las que damos las gracias de la aventura en la que se ha convertido nuestro camino.

Deja que la vida te sorprenda, porque cuando giras la vista hacia el pasado, aquello que seguro recordarás son las sorpresas que te trajo la vida, y lo más importante: en el momento presente tendrás la magia de saber que te queda mucho por descubrir y que no estará planeado que llegará a ti en forma de sorpresa, irrumpirá en tu vida sin haberlo previsto y entonces las reacciones podrán ser de mil formas diferentes.

Paulo Cohelo dice que cuando menos lo esperamos la vida nos coloca delante de un desafío que pone a prueba nuestrsorpresas de la vidao coraje y voluntad de cambio. Y no hace falta que se trate de un hecho transcendental sino de cualquier hecho insignificante pero inesperado. En esos momentos se encuentra la esencia de la vida, en las sorpresas.

Es en las sorpresas cuando surgen las risas más naturales, las emociones más profundas y los momentos más auténticos que merecen ser vividos, superados y sobre todo atravesados de la mejor manera que uno sabe.

La naturaleza de la propia vida es el cambio, la sucesión de acontecimientos que como bien dice la palabra, acontecen no se planean, por este motivo subirse a la ola de la vida es la única opción que nos queda a las personas, disfrutar de los momentos de la cresta y transformarnos gracias a los momentos en los que esta ola nos azota.

 

 

“Basta con un poco de espíritu aventurero para estar siempre satisfechos, pues en esta vida, gracias a Dios, nada sucede como deseábamos, como suponíamos, ni como teníamos previsto” Noel Clarasó

 

La satisfacción de una vida plena

Las gargantas de Marruecos (Autor: Patricia González)

Es un éxito el hombre que ha vivido bien, ha reído a menudo y ha amado mucho.

Que ha conquistado el respeto de los hombres inteligentes, y el amor de los niños.

Que ha ocupado su lugar y ha cumplido su misión.

Que al marcharse deja un mundo mejor del que había encontrado.

Que buscó lo mejor de los demás y dio lo mejor de sí mismo.

Robert Louis Stevenson

“Rey que no tiene amigo, es como un mendigo”

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Hay una complicidad inexplicable entre dos personas que se reencuentran en esta vida y de las que surge una amistad. Esa sensación de tener al lado a tu espejo, a quien entiende tus emociones y las comparte. Encontrar ese compañero de viaje que hace el camino más llevadero. Con el que encuentras las sorpresas que nos guarda esta aventura.
No hay mayor fortuna que la de encontrar a alguien así a lo largo de tu fugaz y a la vez eterna existencia. Porque reír no es igual si lo haces junto a él y llorar resulta menos doloroso si lo sientes a tu lado. No importa si te acompaña en todo el trayecto o sólo en una parte de él.

Porque el simple hecho del reencuentro ya ha merecido la pena.

Deberíamos de hacer un tributo a todos esos amigos que con su presencia nos han consolado, animado, apoyado, sorprendido, irritado, enfadado, amado, escuchado, hablado, que ha fin de cuentas han plasmado su energía en la nuestra propia.

Agradecer es una de las cosas más sinceras e importantes que podemos expresar. Por eso trata de agradecer a tu amigo del alma que está incluso en el modo en el que a veces no nos gusta, porque lo importante es que tengamos ese espejo que nos muestra el reflejo de lo que somos.

Un amigo es quien alivia esos momentos de soledad que todos sentimos tantas veces en nuestra vida, quien nos recuerda quiénes somos y qué llevamos dentro cuando lo hemos olvidado. El que te coge de la mano y te levanta cuando no sientes esa fuerza para hacerlo.

Y no sólo es bonito sentir a un amigo en las penas… quien es afortunado y tiene un amigo conoce la alegría que se vive en los momentos de risa, de inmadurez, de locura, de juego, de fiesta, de carnaval, de picardía y descontrol.

No olvides dar las gracias a tu amigo por serlo, dar gracias a la vida por haberlo encontrado, a la causalidad por haber creado ese momento que de alguna manera cambió tu vida… Recuerda que aquello no expresado no tiene porque ser comprendido. Así que saca de tu boca ese entusiasmo y llénate de valor para decir: gracias amigo por estar y por ser mi compañero de viaje.

Que mi paso por el mundo sea

Puedes elegir cómo será tu paso por el mundo, ¿Cómo decides que sea?

No se trata de un planteamiento propio del fin de tus días, como hemos visto en tantas películas o leído en novelas. Sino todo lo contrario, mejor será si adquieres claridad, cuando te encuentras disfrutando en medio de la aventura de la vida

Propongo algo importante, que surgirá de tu interior; ¿Qué quieres marcar en el mundo? Puede ser tu sonrisa, tu sentido del humor, tu generosidad, una corriente artística, una familia numerosa, la unión de la amistad, un trabajo bien hecho, la experiencia total, el riesgo, el amor, la vuelta al mundo conociendo cada una de sus culturas, la participación, la justicia o la compasión.

No importa con lo que quieras marcar tu huella, lo importante es que la dejes.

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Encuentra lo que te haga vibrar y desarróllalo. Si eres poeta escribe, seguro que tus palabras llegan a quienes te leen, si eres cantante deja que tu voz emocione, si eres visionario expresa aquello que tu intuición te hace ver, porque será la clave del futuro para muchos, si tu sentimiento es de justicia, defiende a quien veas más desprotegido, y así con cada uno de tus dones.

Cuando te escuchas a ti mismo, y focalizas la atención en lo que eres y no en lo que haces, descubrirás una parte de ti auténtica, tu esencia.

Con el ritmo frenético de la sociedad, resulta complicado en muchas ocasiones, por eso no dejes de escucharte y de sorprenderte a ti mismo cada día.

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“La felicidad se encuentra cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces se encuentra en armonía” Mahatma Gandhi

Your choice

 

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Porque un día o una noche caes en la cuenta de que todas esas vivencias y sentimientos, que han formado tu ser, puedes guardarlo en una caja etiquetada de melancolía (lo que supone vivir en el apego al pasado). O meterlos en la caja de felicidad y de agradecimiento a la vida (lo que te permite vivir el presente y mirar al futuro de un modo optimista)

Patricia González