¿Simpático o empático?

En un mundo rodeado de simpáticos en ocasiones falta la empatía que convierte a las personas  en miembros de un mismo universo, a los conocidos les transforma en amigos y a los que no se mojan en las situaciones les hace seres más comprometidos.

Porque lo sencillo es preguntar y sonreír, e incluso aquellos atrevidos se lanzan a animar y aconsejar, cuando lo único que hace falta es estar. Tener la capacidad de escuchar, a fin de cuentas acompañar. Porque no es necesario nada más, sin exigencias ni expectativas… el que cuenta sólo busca un oído afinado que sepa prestar atención, una mano que coja a otra, para que la compañía haga más ligera la carga y afloje el camino por recorrer.

¿Conoces el abismo que existe entre simpatía y empatía? Pues bien, la simpatía se derrocha, surge sola, sin esfuerzo. Y la empatía se lleva dentro o se carece de ella. Digamos que es esa capacidad de comprensión que no pretende ser terapéutica y que sin embargo lo es.

Cuántas veces tratamos de expresar una opinión, una emoción, contando nuestra historia y nos encontramos con palabras de ánimo, o frases esquivas que lejos de subirnos arriba nos mantienen bien adentro. Por alguna extraña razón nuestro ego nos conduce a querer ser el consejero perfecto o el alma de la fiesta, pero en realidad esa careta no es necesaria para el resto ni para nosotros mismos.

La próxima vez que alguien cercano o lejano se abra a contarte su situación, prueba con un simple: no sé qué decir pero gracias por contármelo. No hace falta que mejores la situación del otro, porque ni siquiera te lo está pidiendo, por ello no te esfuerces en una respuesta, simplemente muéstrate presente, porque no hay nada más reconfortante que sentirse escuchado y en cierto modo comprendido.

 

Si nos pusiéramos más a menudo en la piel de la otra persona, no nos heriríamos tanto y no existiría el mal común del egoísmo o la individualidad. Piensa en global y actúa de manera local. Párate a pensar  también en el resto y actúa en consecuencia con tu entorno más cercano.

Con la empatía se alimenta la conexión entre personas que de manera voluntaria o no, convivimos en un mismo mundo. La simpatía, por su parte ameniza el transcurso diario. Necesarias ambas, de esto no cabe duda, pero una de ellas requiere de sensibilidad, prescinde del juicio, exige la conexión con uno mismo para poder conectar con el otro, y esto aunque resulte increíble; a muchos les asusta. Les hace sentir atados y comprometidos con el otro, y por ello deciden seguir la línea fácil de la simpatía, que a fin de cuentas está muy bien vista.

Si eres valiente y decides apostar por ti y por aquellos que te rodean deja que aflore toda la sensibilidad que llevas dentro, porque las personas que nos encontramos en el camino no son más que un vivo reflejo de nosotros mismos.

“La empatía es la capacidad de pensar y sentir la vida interior de otra persona como si fuera la propia”.
—Heinz Kohut

 

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La libertad

Existen pocos conceptos que inspiren mayor bienestar que el de libertad. Capacidad de ser autónomo, de vivir en plenitud conforme al propio criterio, hacer y deshacer, soñar, construir, viajar, volar aunque se haga con los pies en la tierra, pero que permite hacerlo pisando fuerte, seguro. Cada ser posee la facultad de pensar y actuar conforme a su voluntad, de encontrar el sentido de una existencia, de pintar una vida dependiendo tan sólo del propio instinto y de sus propias decisiones.IMG_4786

Sé que siempre hemos escuchado hablar sobre la privación de libertad, y no pretendo ser yo quien diga que eso nunca ha existido o que es una falacia, pero lo que al hombre se le ha quitado y aún en muchos lugares se le quita, es la libertad de actuar en cierto modo, e incluso la expresión de su pensamiento. Pero lo que no es posible es que a un ser se le arrebate algo que lleva dentro, consigo, y es que la libertad la llevamos interiorizada cada vez que dejamos volar nuestra imaginación, cada vez que lloramos y reímos, cada vez que vivimos, escogemos, y hacemos de hoy una aventura.

El Quijote declaraba a Sancho una de las más dulces y ciertas reflexiones sobre la libertad:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra y el mar encubre; por libertad así como por la honra, se puede aventurar la vida y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.

Miguel de Cervantes

No hay nada más bonito que vivir siendo consciente de que somos libres, sin importar lugar ni situación, porque como bien decía Cela:

“La libertad es una sensación que a veces puede alcanzarse encerrado en una jaula como un pájaro”.