La satisfacción de una vida plena

Las gargantas de Marruecos (Autor: Patricia González)

Es un éxito el hombre que ha vivido bien, ha reído a menudo y ha amado mucho.

Que ha conquistado el respeto de los hombres inteligentes, y el amor de los niños.

Que ha ocupado su lugar y ha cumplido su misión.

Que al marcharse deja un mundo mejor del que había encontrado.

Que buscó lo mejor de los demás y dio lo mejor de sí mismo.

Robert Louis Stevenson

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“Rey que no tiene amigo, es como un mendigo”

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Hay una complicidad inexplicable entre dos personas que se reencuentran en esta vida y de las que surge una amistad. Esa sensación de tener al lado a tu espejo, a quien entiende tus emociones y las comparte. Encontrar ese compañero de viaje que hace el camino más llevadero. Con el que encuentras las sorpresas que nos guarda esta aventura.
No hay mayor fortuna que la de encontrar a alguien así a lo largo de tu fugaz y a la vez eterna existencia. Porque reír no es igual si lo haces junto a él y llorar resulta menos doloroso si lo sientes a tu lado. No importa si te acompaña en todo el trayecto o sólo en una parte de él.

Porque el simple hecho del reencuentro ya ha merecido la pena.

Deberíamos de hacer un tributo a todos esos amigos que con su presencia nos han consolado, animado, apoyado, sorprendido, irritado, enfadado, amado, escuchado, hablado, que ha fin de cuentas han plasmado su energía en la nuestra propia.

Agradecer es una de las cosas más sinceras e importantes que podemos expresar. Por eso trata de agradecer a tu amigo del alma que está incluso en el modo en el que a veces no nos gusta, porque lo importante es que tengamos ese espejo que nos muestra el reflejo de lo que somos.

Un amigo es quien alivia esos momentos de soledad que todos sentimos tantas veces en nuestra vida, quien nos recuerda quiénes somos y qué llevamos dentro cuando lo hemos olvidado. El que te coge de la mano y te levanta cuando no sientes esa fuerza para hacerlo.

Y no sólo es bonito sentir a un amigo en las penas… quien es afortunado y tiene un amigo conoce la alegría que se vive en los momentos de risa, de inmadurez, de locura, de juego, de fiesta, de carnaval, de picardía y descontrol.

No olvides dar las gracias a tu amigo por serlo, dar gracias a la vida por haberlo encontrado, a la causalidad por haber creado ese momento que de alguna manera cambió tu vida… Recuerda que aquello no expresado no tiene porque ser comprendido. Así que saca de tu boca ese entusiasmo y llénate de valor para decir: gracias amigo por estar y por ser mi compañero de viaje.